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Los emprendedores y empresarios de éxito han fracasado 2,5 veces de media antes de encontrar la idea que les ha permitido triunfar, según un estudio que he leído recientemente. Este dato me ha hecho pensar en cómo educamos a nuestros alumnos ante el error y el fracaso, y cómo influyen estos factores en su capacidad innovadora.

En primer lugar, tendríamos que distinguir cuáles son los  errores que debemos fomentar o, al menos, cuáles nunca deberíamos castigar. Yo, concretamente, creo que el “error por exceso de creatividad” debe ser siempre premiado. Castigar los errores ha sido algo común en la reciente historia de nuestra educación, pero de esta forma vamos acostumbrando desde muy pequeños a nuestros estudiantes a dejar de crear. Cuando somos pequeños cometemos, muy frecuentemente, errores por exceso de creatividad, yo llamo así a los errores que se comenten al no entender los límites reales del universo o del problema al que nos enfrentamos. Esos errores deben ser premiados y reconducidos de manera constructiva ya que, de otra forma, corremos el riesgo de ir eliminando la capacidad de crear de manera disruptiva de nuestros niños y por lo tanto de nuestros futuros médicos, ingenieros, empresarios o científicos.

Por otra parte, si queremos educar al próximo Steve Jobs, debemos acostumbrar a nuestros alumnos a convivir con el error y el fracaso. No podemos pretender que nuestros alumnos acierten siempre, si no que debemos enseñarles a no rendirse nunca ante los fracasos, a levantarse una y otra vez tras cada error, así se han forjado los grandes innovadores de la historia. Cambiemos la inercia de castigar los errores por premiar a los que lo intentan de maneras alternativas, aunque no tengan éxito.

Por último, tendríamos que entender que la innovación es un proceso que parte de la inquietud y del inconformismo, por lo que está íntimamente relacionado con los sueños personales y el sentido vital. Para innovar hay que soñar, debemos convencer a nuestros alumnos de que, si realmente lo quieren, pueden influir en el mundo, pueden cambiar la realidad… pueden innovar. Pero al mismo tiempo debemos ser plenamente conscientes de que:  sin error no hay ni habrá nunca innovación.