Prejuicios docentes: la tecnología en las aulas

El uso de la tecnología en las aulas frente a la especificidad de la práctica clásica es el nuevo e indiscutible problema de los pedagogos; pero estas posiciones deben ser matizadas y resignificadas de tal modo que nos permitan vislumbrar el contenido de verdad y falsedad que ellas encierran; anverso y reverso de un signo que no puede ser negado: las tecnologías han llegado para quedarse, nos guste o no, y en lugar de rechazarlas de plano acríticamente o aceptarlas y darles un uso superfluo y redundante, debemos poder aprovecharlas y refuncionalizarlas para hacerlas trabajar en nuestro favor.

Ramón Tirado-Morueta y J. Ignacio Aguaded-Gómez de la Universidad de Huelva, realizaron un estudio sobre las creencias que poseen los educadores sobre el uso de la tecnología en el ámbito educativo. En este estudio titulado Influencias de las creencias del profesorado sobre el uso de la tecnología en el aula, los resultados mostraron que pueden identificarse dos conjuntos diferentes de acuerdo a sus ideas sobre la tecnología, estos fueron etiquetados con la denominación de “moderadamente socio-reformistas” y “socio-reformistas”.

El primero posee la creencia de que el uso de TICs en el aula actúa como una barrera en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El segundo, en cambio, practica un uso cotidiano de la tecnología en el ámbito áulico ya que acepta los beneficios y aportes socioeducativos que estas traen.

De acuerdo al estudio realizado, existe una predominancia de profesores que se encuentran en el grupo “moderadamente S-R” por sobre los “S-R”; si bien los autores finalizan el trabajo haciendo hincapié en el aspecto no conclusivo de los resultados, también asumen un perfil absolutamente reflexivo frente a estas deducciones. En otras palabras, la idea es que no importe el modelo elegido, sino que el uso tecnológico le permita al estudiante poder relacionar, resignificar y producir junto con y no a partir del material.

El uso de diferentes medios tecnológicos en el ámbito educativo es un arma de doble filo, así los profesores etiquetados como “S-R” pueden también caer en un exceso. Podría decirse que en lo que a la educación respecta, la “tecnofilia” es tan peligrosa como la tan desestimada “tecnofobia”. En síntesis, la mejor opción sigue siendo hacer un uso crítico de la propia práctica y evitar el intento fallido de innovar con “más de lo mismo”.